Javier taberner

Filosofía Debida

Más Platón y menos Prozac

"Ser filósofo no consiste en el mero formular pensamientos sutiles, 
ni siquiera en fundar una escuela...
Consiste en resolver algunos de los problemas de la vida,
no en el ámbito teórico, sino en el práctico". 
Henry David Thoreau

Más Platón, menos Prozac” es el título de un acertado libro sobre “terapias  filosósifica” escrito por el filósofo y docente estadounidense Lou Marinoff y editado hace algunos años en nuestro país. En él, se analiza cual es el modo en que actualmente procesos normales de la existencia humana son convertidos en problemas médicos. De qué modo para mantener su enorme crecimiento de los últimos años, la industria de la salud debe tratar cada vez a más personas sanas. De qué manera los altibajos naturales de la vida son convertidos en patologías a tratar.

Claro está que si no hay enfermedades las empresas farmacéuticas quiebran. Para evitar esto se han generado procedimientos mediante los cuales esta industria patrocina la invención de cuadros clínicos completos con el fin de conseguir nuevos mercados para sus productos. Como, por ejemplo, la polémica en torno a la tipificación de la osteoporosis como enfermedad, algo que es un desgaste natural de los huesos y que una buena alimentación previene. O bien la irrupción del “sildenafil” más conocido como Viagra que actualmente se lo utiliza de manera indiscriminada, a cualquier edad y en ausencia de disfunciones que lo justifiquen, o bien los “Trastornos por Déficit de Atención” en niños en edad escolar.

Me pregunto si ¿es verdad, como puntualiza la página de Viagra en Internet, que alrededor de un 50% de hombres entre 40 y 70 años padecen  problemas de erección?

También sospecho del embarazo como “enfermedad”, por qué se realizan en el mundo cientos de miles de cesáreas, muchísimas más de las convenientes.

No dudo que el negocio es más que la estética en las cirugías de embellecimiento, en el tratamiento de la celulitis y la calvicie. Ni de qué manera prestigiosos catedráticos son “comprados” por la industria farmacéutica  para divulgar sus productos.

La polémica en torno a la menopausia femenina. La polémica en torno al DCM (Manual Estadístico Diagnóstico). La “bulimia de las compras”. El “síndrome de fatiga crónica”. La “depresión del paraíso”. El “síndrome del tigre enjaulado”. El “síndrome de Sisí”. El “trastorno de alegría generalizada”. La “hiperhidrosis”. Los “futuros enfermos”.

Por supuesto todos somos alérgicos a algo, todos necesitamos una aspirina para lo que sea y para lo que no sea también. Porque a todos nos duele algo, todos tenemos un kilito de más, todos nos desvelamos, nos ponemos nerviosos y nuestro “tránsito” (¿?) es muy lento o va tan rápido que solo nos da tiempo para la desgracia.

El impacto que tiene en el carácter el hecho de vivir en una sociedad que tipifica fenómenos propios de la vida como patológicos crea y nos hace creer en el espejismo de la investigación incorruptible, funcional a una industria y en la aparición de una enfermedad llamada “diagnóstico”.

Antiguamente el espejismo era la leyenda del “Elixir de la Juventud”. Actualmente es penoso ver de qué forma los sanos mueren de preocupación.

El presupuesto que el estado destina a salud es más abultado para el tratamiento que para la prevención y esto es acorde con el marketing de la salud que trabaja con el miedo más que con la educación y la toma de conciencia.

La industria del COVID-19 le proporcionó miles de millones de dólares de ganancia a los laboratorios del mundo. La carrera por “la vacuna” y la triste politización de la misma generó complicaciones colaterales en las personas. El miedo y la desinformación hicieron crecer la incertidumbre, la angustia y la ansiedad en el común de la gente. Para evitar el riesgo de convertirnos en hipocondríacos sanos, debemos nosotros realizar esta toma de conciencia y poner en práctica la prevención para evitar la curación, con cosas tan simples y económicas como llevar una vida sana desde la alimentación, el ejercicio físico y los buenos hábitos.

Claro está que existen otros elementos, que veremos en otro momento, que influyen directamente en nuestra salud, pero debemos empezar por tener en claro los factores que inciden directamente en nuestro cuerpo, ese sagrado y casi siempre mal tratado, “envase del alma” y defender la preciada posesión que es nuestra propia salud.


Imagen de Rob Gonsales

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